Al sur del río Maule y solo a unas pocas horas de Santiago, se encuentra el Valle Melado, un paraíso para los amantes de las caminatas y excursiones a caballo. ¡Una extensa zona de 2.450 km 2, en la que viven solo 270 personas! En este sector precordillerano hasta ahora muy poco explorado turísticamente, hay incontables maravillas naturales esperando a ser descubiertas: fuentes termales que brotan de volcanes cubiertos de nieve, glaciares y lagunas escondidas. Mientras nosotros buscamos el mejor lugar para levantar nuestro campamento a la orilla de una de esas lagunas, en el cielo planean los cóndores majestuosos. El Sendero de Chile, junto a otras dos rutas, cruzan este escenario maravilloso, posibilitando su descubrimiento a pie o a caballo. Seis largos y secos meses de verano garantizan una larga temporada de buen tiempo, del alojamiento y la información se encargan los refugios que se encuentran en el camino.
Las rutas aquí descritas se diferencian por su grado de dificultad y duración. La más fácil es la Cabalgata Puelche, que recibe su nombre del pueblo originario que habitaba esta zona. La que ofrece mayor comodidad es la Cabalgata de refugio a refugio, durante la cual es posible alojar en bien equipadas cabañas. Para personas con experiencia en cabalgatas de montaña, y viajando en lo posible en compañía de un guía local, recomendamos el Circuito San Pedro, durante el cual se puede conocer una de las zonas de más hermosos paisajes de Chile. Quienes gustan del montañismo, podrán subir los volcanes San Pedro, Pellado y Longaví. Junto a los refugios ya nombrados, algunas familias lugareñas ofrecen alojamiento simple, posibilidades de acampar y pensión. La mayoría arrienda también caballos, para montarlos u ocuparlos como transporte de equipaje.
Un último dato de interés: En enero hay muchos tábanos en las zonas bajas, que se transforman en una verdadera molestia para jinetes y caminantes. En esa época del año, recomendamos escoger alturas sobre los 1.500 mt.
Los senderos del valle de Melado no son comparables con los de parques nacionales mejor desarrollados, como el de Torres del Paine, o con los que se pueden encontrar en Europa. En algunos puntos, incluso es difícil reconocerlos y, por lo general, no están señalizados. En compensación, nos conducen en completa soledad hacia escenarios naturales espectaculares lejos de la civilización.