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La cabalgata |
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Problemas del terreno |
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Cabalgar en la naturaleza no es igual que cabalgar en la pista de equitación. El terreno, por ejemplo, no siempre es plano, sobre todo en la cordillera chilena, por lo que se deberían tener presente en algunos consejos:
Cabalgar de subida es más exigente para el caballo que cabalgar en terreno plano. Por esta razón, el jinete debe inclinar el tronco hacia adelante, proporcionalmente al grado de la pendiente, y dejar las riendas un poco más sueltas (¡S in que cuelguen!). Si la pendiente es tan pronunciada que el jinete se desliza hacia atrás, puede sujetarse de las crines, pero en ningún caso de las riendas.
Las bajadas, sobre todo en terreno irregular y montañoso o en los acarreos, exigen un alto grado de concentración del caballo, para que no resbale o tropiece. Es importante dejar las riendas un poco más sueltas, para que el caballo se pueda equilibrar mejor. Solo si el caballo apurara demasiado el tranco, se puede tirar ¡levemente! las riendas para frenarlo. El jinete debe inclinarse en este caso hacia atrás, proporcionalmente al grado de declive, y estirar las piernas un poco hacia adelante, para poder sostenerse mejor en los estribos.
Durante las bajadas nunca hay que trotar y menos galopar, a no ser que se trate de descensos muy leves sobre terreno firme.
Si el descenso a caballo se vuelve demasiado peligroso, el jinete deberá bajarse y continuar a pie, eligiendo una de las siguientes alternativas:
Si el camino es lo suficientemente ancho, se aconseja tirar al caballo al lado derecho guardando una pequeña distancia (es decir, el jinete va al lado izquierdo del caballo). Si el camino es demasiado estrecho, la mejor opción es caminar delante del caballo, manteniendo las riendas lo más estiradas posible, de manera de aumentar al máximo la distancia con el animal. Esta alternativa conlleva el riesgo de que el caballo pueda lastimar al jinete en caso de caerse.
En cualquier caso, los caballos chilenos están acostumbrados a bajar los cerros en grupo, sin alejarse mucho el uno del otro. El arriero o guía suele mantenerse sobre el caballo incluso en terrenos de alta dificultad, y arrea a los otros animales cuesta abajo, ayudándose de silbatos y gritos. Por lo tanto, uno puede amarrar las riendas a la montura (por ejemplo, a los estribos) y dejar que el caballo baje solo. En este caso, el jinete deberá seguir a los animales a una cierta distancia.
Otros posibles obstáculos son las ramas bajas, los salientes de rocas y los peñones. Lógicamente, el caballo no piensa por el jinete, así es que es uno mismo quien tiene que agacharse a tiempo y proteger las rodillas y las alforjas.
Si el camino está obstruido por troncos de árboles, lo mejor es rodearlos. Puesto que no se conoce suficientemente bien la capacidad de salto del caballo ni el tipo de suelo que encontraremos detrás del tronco, es mejor no arriesgarse a saltar. Los puentes también pueden presentar un peligro, sobre todo los antiguos puentes de madera. Después de una lluvia suelen ser resbaladizos, así es que hay que cruzarlos con cuidado. En caso de puentes inestables o colgantes, es aconsejable que solo cruce un caballo a la vez.
En general, recomendamos estar atentos para reconocer con anticipación los posibles peligros. Idealmente, antes de que el caballo llegue a asustarse.
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